sábado, 24 de octubre de 2026

De los pasillos de la Ciudad Judicial a la construcción de la paz


De los pasillos de la Ciudad Judicial a la construcción de la paz

 

Al recorrer los pasillos de la Ciudad Judicial, me pongo a pensar en todo lo que podemos hacer quienes trabajamos en el mundo del derecho para ayudar a las personas a resolver sus conflictos. Para mí, la mediación es mucho más que un mecanismo alternativo de solución de controversias; es una oportunidad para que las personas se escuchen, comprendan sus diferencias y encuentren sus propias soluciones, con la ayuda de un tercero neutral. Por eso, considero que ha llegado el momento de acercarme a los profesionales del litigio e invitarlos a sumarse a esta labor. Estoy convencido de que nuestra experiencia jurídica puede servir no solamente para defender derechos, sino también para evitar que las diferencias humanas se conviertan en conflictos difíciles de superar.

Siempre he pensado que una de las mayores bondades de la mediación es que devuelve a las personas la posibilidad de hacerse responsables de sus propios problemas. En ocasiones, quienes atraviesan un conflicto necesitan algo más que una resolución judicial: necesitan ser escuchados, expresar sus preocupaciones y encontrar una salida que les permita continuar con sus vidas. La mediación ofrece esa oportunidad y nos recuerda que no siempre es necesario vencer al otro para resolver una controversia. Desde mi punto de vista, este es uno de los grandes valores que debemos compartir con nuestros compañeros abogados: comprender que llegar a un acuerdo también puede ser una forma de hacer justicia.

Me gustaría ver un cambio en la manera en que atendemos los conflictos. No propongo abandonar el litigio ni restarle importancia a la función de los tribunales, sino abrir nuestra perspectiva y reconocer que existen otras formas de resolver las diferencias. Los abogados litigantes tienen una gran oportunidad de participar en este cambio, orientando a sus clientes y mostrándoles que la mediación puede ser una alternativa útil. Creo que debemos dejar atrás la idea de que todo conflicto necesita un ganador y un perdedor. En muchas ocasiones, el verdadero éxito consiste en encontrar una solución que permita a ambas partes seguir adelante sin prolongar innecesariamente sus diferencias.

También me preocupa el deterioro de nuestras relaciones sociales. Lo vemos en las familias, en los centros de trabajo y en nuestra convivencia diaria, donde a veces dejamos que el orgullo, los malos entendidos y la falta de comunicación nos alejen de los demás. Por eso, considero que la mediación puede aportar mucho a la reconstrucción del tejido social. No basta con resolver un problema cuando ya llegó a los tribunales; también debemos aprender a prevenirlo y a tratar nuestras diferencias con mayor responsabilidad. Me gustaría que la mediación llegara a más espacios de nuestra comunidad y que cada vez fueran más las personas capaces de resolver sus desacuerdos sin destruir sus relaciones.

Hay una reflexión que considero fundamental para quienes trabajamos en la justicia: detrás de cada expediente hay una persona, no solamente un problema jurídico. Hay sentimientos, emociones, preocupaciones y, muchas veces, historias que desconocemos. Cuando vemos únicamente documentos, demandas y procedimientos, corremos el riesgo de olvidar la dimensión humana de nuestro trabajo. El pensamiento y la trayectoria de don Javier Alés Sioli en el ámbito de la mediación nos invitan a mirar más allá de las posiciones enfrentadas y a comprender a quienes viven el conflicto. Personalmente, creo que nunca debemos perder esa sensibilidad. Podemos ser buenos abogados y, al mismo tiempo, reconocer las dificultades de las personas que acuden a nosotros buscando una solución.

Por todo esto, hago una invitación directa a mis compañeros abogados litigantes: es momento de dar un paso al frente y convertirnos también en promotores de la mediación. No basta con reconocer sus beneficios; tenemos que llevarla a la práctica, acercarla a nuestros clientes y demostrar que nuestra profesión también puede contribuir a resolver los conflictos sin profundizar las diferencias. La experiencia jurídica que hemos adquirido puede ponerse al servicio de una causa mayor: ayudar a las personas a encontrar soluciones y recuperar la confianza.

Al recorrer los pasillos de la Ciudad Judicial, reafirmo mi convicción de que este cambio puede comenzar con nosotros. No esperemos a que alguien más tome la iniciativa. Acerquémonos, conversemos con nuestros colegas y hagamos de la mediación una herramienta cotidiana en el ejercicio del derecho. Cada abogado que se sume, cada conflicto que encuentre una salida constructiva y cada relación que logremos preservar serán pasos importantes para fortalecer nuestra convivencia.

Mi invitación es clara: dejemos de ser únicamente espectadores de los conflictos y convirtámonos en protagonistas de su transformación. La justicia necesita abogados que defiendan los derechos con firmeza, pero que también tengan la sensibilidad y la voluntad de construir acuerdos. Porque nuestro legado profesional no debe medirse solamente por los asuntos que ganamos en los tribunales, sino también por las personas a las que ayudamos a encontrar una solución.

Estoy convencido de que la mediación puede abrirnos ese camino. Hagamos comunidad, sumemos voluntades y asumamos el compromiso de impulsar una justicia más humana. El cambio comienza cuando decidimos participar, y el momento de hacerlo es ahora.

Alberto Villegas Cabello

Abogado y Mediador 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Si hay que sumar a la Cultura de Paz

Anónimo dijo...

Muchas felicidades!! Hay que sumar !!

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