sábado, 7 de noviembre de 2026

La congruencia del mediador: entre lo que predica y lo que practica

 

 


 

La mediación no solamente exige conocimientos, técnicas y habilidades para conducir un procedimiento; también requiere una sólida formación ética. La conducta del mediador debe reflejarse en cada una de sus actuaciones, especialmente dentro de las salas de mediación, donde la imparcialidad, la neutralidad, el respeto, la prudencia y la confidencialidad no son simples formalidades, sino principios que dan sentido y credibilidad a su labor. Quien acompaña a otros a resolver sus diferencias debe ser consciente de la responsabilidad que representa estar frente a personas que depositan en él su confianza.

Pero la ética del mediador no termina cuando se cierra la puerta de una sala. También debe manifestarse fuera de ella, en su convivencia social, familiar y profesional. Existe una responsabilidad personal de procurar que aquello que promovemos en nuestro ejercicio profesional tenga correspondencia con nuestra manera de relacionarnos con los demás. No se trata de exigir perfección, porque todos somos seres humanos y tenemos nuestras propias diferencias, sino de procurar congruencia entre lo que decimos, lo que enseñamos y lo que hacemos.

De igual manera, el liderazgo dentro de la comunidad de mediadores debe entenderse como una oportunidad para servir, compartir conocimientos y generar espacios de crecimiento. Sin embargo, no debemos confundir el liderazgo con el egoísmo, la vanidad o el narcisismo. Un verdadero líder no necesita colocarse por encima de los demás ni buscar permanentemente reconocimiento; su mejor carta de presentación es la humildad, la generosidad y la capacidad de impulsar a otros sin sentirse amenazado por sus logros.

También considero que debemos cuidar la manera en que nos referimos a nuestros compañeros. La crítica puede ser necesaria y constructiva cuando se expresa con respeto y tiene el propósito de mejorar; pero cuando se convierte en burla, descalificación o comentario malintencionado, deja de ser una aportación y termina debilitando a nuestra propia comunidad. Resulta contradictorio que alguien que promueve el entendimiento y el respeto entre las personas utilice esos mismos espacios para ridiculizar a quienes comparten su profesión. Al final, nuestras actitudes hablan mucho más de nosotros que cualquier discurso sobre cultura de paz.

Por eso, creo que vale la pena recordar una reflexión sencilla: el mediador no come mediador. Nuestra profesión necesita compañerismo, respeto y solidaridad, no rivalidades ni descalificaciones. Podemos pensar diferente, tener distintos estilos de trabajo y hasta discrepar profesionalmente, pero eso no debe convertirnos en adversarios. Cuando alguien utiliza el discurso de la mediación mientras practica lo contrario en su vida cotidiana, existe una distancia entre lo que aparenta ser y lo que verdaderamente representa.

A manera de conclusión, ser mediador es mucho más que ocupar una silla, conducir una sesión o contar con una certificación. Es asumir una forma de relacionarnos con los demás, dentro y fuera de las salas. La ética no se presume, se practica; la humildad no se anuncia, se demuestra, y el liderazgo no se impone, se gana con el ejemplo.

Porque, al final, la mejor manera de promover la paz es comenzar por practicarla con quienes tenemos más cerca, incluso con nuestros propios compañeros.

Alberto Villegas Cabello
Abogado y Mediador

No hay comentarios:

La congruencia del mediador: entre lo que predica y lo que practica

      La mediación no solamente exige conocimientos, técnicas y habilidades para conducir un procedimiento; también requiere una sólida form...