sábado, 8 de agosto de 2026

Los MASC: una herramienta urgente para construir una cultura de paz


 

Los hechos lamentables que recientemente han ocurrido en Saltillo, Coahuila, relacionados con situaciones de violencia intrafamiliar, deben llevarnos a una reflexión profunda sobre la manera en que estamos enfrentando los conflictos dentro de la sociedad. Resulta particularmente preocupante cuando, aun existiendo medidas de restricción, estas terminan siendo vulnerables frente a una realidad de violencia que ya ha alcanzado niveles graves. No basta con reaccionar cuando el conflicto se ha convertido en una tragedia; es necesario preguntarnos qué pudimos haber hecho antes, cómo identificar las señales de una escalada de violencia y qué mecanismos pueden ayudar a las familias a encontrar caminos diferentes al enfrentamiento.

Sin embargo, sería injusto afirmar que no existen instituciones y mecanismos destinados a combatir estas situaciones. Los sistemas de seguridad, las autoridades judiciales, las instituciones de protección y los mecanismos de atención a las víctimas cumplen una función indispensable, particularmente cuando la violencia ya ha alcanzado una escalada que hace necesaria la intervención del Estado. El problema aparece cuando llegamos demasiado tarde. Los conflictos no nacen convertidos en violencia extrema; generalmente atraviesan diferentes etapas y, en muchos casos, existen momentos en los que todavía es posible intervenir, escuchar, dialogar y encontrar alternativas antes de que el enfrentamiento se vuelva irreversible.

También existen políticas públicas orientadas a fortalecer la seguridad, pero debemos comprender que la seguridad no puede limitarse exclusivamente a la reacción frente al delito. La verdadera seguridad también se construye mediante la prevención. Y prevenir significa educar, escuchar, atender los conflictos y fomentar una auténtica cultura de paz. Una sociedad que aprende a dialogar, a reconocer sus diferencias y a resolver sus controversias sin recurrir a la violencia está construyendo seguridad desde sus propias comunidades. La cultura de paz no debe ser únicamente un discurso institucional; debe convertirse en una práctica cotidiana dentro de las familias, las escuelas, las colonias, los centros de trabajo y los espacios comunitarios.

Por ello, debemos poner mayor énfasis en los Mecanismos Alternativos de Solución de Controversias (MASC) y, sobre todo, en su difusión. Las redes sociales y los medios de comunicación tienen una enorme responsabilidad para explicar a la ciudadanía que, frente a una diferencia, no siempre la única salida es acudir directamente a un proceso judicial o esperar a que el conflicto se agrave. La mediación, la conciliación, la justicia restaurativa y otros mecanismos pueden constituir alternativas valiosas cuando el caso y las condiciones de seguridad lo permiten. Hablar de los MASC en los medios y en las redes sociales significa acercarlos a la ciudadanía y convertirlos en parte del conocimiento cotidiano de las personas: antes de que el conflicto se convierta en violencia, existen caminos para abordarlo.

Pero esta tarea no debe comenzar únicamente en los lugares donde existe mayor infraestructura institucional. Es necesario llevar el trabajo de prevención a aquellos sectores vulnerables, a las comunidades donde la inseguridad y la violencia forman parte de la realidad cotidiana. Allí es donde debemos comenzar a construir espacios de diálogo, confianza y reconciliación. La justicia restaurativa puede ofrecer una perspectiva especialmente importante, porque busca atender no solamente el hecho ocurrido, sino también el daño, las relaciones afectadas y la posibilidad de reconstruir el tejido social. Experiencias como las que impulsa la maestra Luciana Caladi, al llevar espacios de diálogo y justicia restaurativa a lugares que necesitan alternativas para atenuar la violencia, muestran que la construcción de paz también puede y debe hacerse desde abajo: desde la comunidad, desde la escucha y desde aquellos espacios donde muchas veces las instituciones llegan cuando el conflicto ya se ha agravado.

Los MASC, por tanto, no deben entenderse únicamente como una herramienta jurídica. Son también una herramienta social y preventiva. Su verdadero potencial aparece cuando logramos llevarlos fuera de los edificios institucionales y acercarlos a la gente; cuando el mediador deja de ser visto únicamente como una figura que interviene después de que surge un problema y comienza a convertirse en un promotor de la cultura del diálogo y de la paz.

Lo ocurrido debe servirnos para reflexionar, no solamente para lamentarnos. Una sociedad no puede acostumbrarse a reaccionar después de la tragedia. Necesitamos fortalecer la prevención, difundir los MASC, formar mediadores, impulsar la justicia restaurativa y llevar estos mecanismos a las comunidades que más los necesitan. Porque la paz no se decreta: se construye todos los días.

Y para construirla necesitamos volver a algo fundamental: hacer comunidad. Una comunidad que escucha antes de juzgar, que dialoga antes de confrontar, que previene antes de lamentar y que entiende que resolver nuestras diferencias de manera pacífica también es una forma de hacer justicia.

Alberto Villegas Cabello

Abogado y Mediador

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