Con frecuencia se dice, en tono de broma, que el mediador vive de escuchar chismes. Quien desconoce la esencia de la mediación podría creer que esta afirmación es cierta. Sin embargo, existe una diferencia sustancial: el mediador no escucha el chisme para alimentarlo, difundirlo o tomar partido, sino para descifrar el conflicto que se encuentra oculto detrás de cada relato.
Toda historia tiene dos versiones, y en ocasiones muchas más. Detrás de un rumor, una crítica o una descalificación suele existir una emoción no expresada, una necesidad insatisfecha o una percepción distorsionada. La labor del mediador consiste en separar los hechos de las interpretaciones, identificar los intereses de las posiciones y transformar la confrontación en una oportunidad para el entendimiento.
Escuchar el conflicto como parte del ejercicio profesional no significa vivir inmerso en él. El mediador también es un ser humano que necesita preservar su equilibrio emocional. Quien dedica su vida a facilitar el diálogo comprende que el descanso, la serenidad y la convivencia con personas que aportan paz son indispensables para ejercer su profesión con objetividad, empatía y prudencia.
Por ello, no existe contradicción alguna cuando un mediador decide alejarse de ambientes donde predominan el chisme malintencionado, la intriga, la crítica permanente o las relaciones tóxicas. Una cosa es escuchar el conflicto para ayudar a resolverlo; otra muy distinta es participar en conversaciones cuyo único propósito es alimentar la discordia. El primero es un acto de servicio; el segundo, una práctica que desgasta a las personas y deteriora la confianza.
La verdadera fortaleza del mediador no radica únicamente en saber escuchar, sino también en saber elegir aquello que merece ser escuchado. La higiene emocional forma parte de la ética profesional, porque nadie puede convertirse en un constructor de paz si permite que la negatividad invada su propia vida.
En la mediación, el conflicto es materia de trabajo; en la vida personal, la paz es una elección. Por ello, el mediador escucha para comprender, dialoga para reconciliar y, cuando es necesario, toma distancia de quienes convierten el chisme en un modo de vida. Solo así conserva la serenidad necesaria para seguir construyendo puentes donde otros solo ven muros.
Frase final
"El mediador escucha el conflicto para transformarlo en diálogo; pero también sabe guardar silencio y alejarse del chisme cuando este deja de buscar la verdad y solo pretende sembrar la discordia."
Alberto Villegas
Abogado y Mediador

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