La falta de liderazgo en las organizaciones
En las organizaciones nos encontramos con dos estilos de administración claramente diferenciados: el jefe burócrata que solo busca sobrevivir dentro de la estructura, y el líder proactivo e incluyente que impulsa el crecimiento colectivo. Esta dualidad genera un choque intelectual y operativo dentro de las instituciones. Por ello, en el presente ensayo se hace hincapié en marcar la diferencia entre una instancia sin vida, destinada a la decadencia, y una organización con visión de crecimiento, cuyo objetivo es crear un verdadero sentido de comunidad.
El liderazgo es la capacidad de influir, inspirar y guiar a otras personas hacia el logro de objetivos comunes. No se trata únicamente de dirigir tareas, sino de generar confianza, motivación y sentido de pertenencia. Un verdadero líder no impone, sino que convence; no ordena, sino que orienta; no domina, sino que impulsa el crecimiento de su equipo. El liderazgo implica visión, responsabilidad y, sobre todo, ejemplo, pues quien lidera debe ser el primero en asumir compromisos y enfrentar desafíos.
Existe una diferencia sustancial entre liderazgo y jefatura. Ser jefe implica ocupar una posición jerárquica que otorga autoridad formal dentro de una estructura organizacional. En cambio, el liderazgo no depende exclusivamente del cargo, sino de la capacidad de influir positivamente en los demás. Mientras el jefe puede exigir resultados amparado en su puesto, el líder obtiene resultados porque su equipo cree en él. La jefatura se basa en el poder; el liderazgo, en la credibilidad y el respeto ganado.
El jefe no siempre es líder, aun cuando tenga la responsabilidad de coordinar el trabajo. Hay ególatras y narcisistas quienes ocupan puestos directivos, pero carecen de la visión y la seguridad necesarias para potenciar a su equipo. En ocasiones, el miedo a que otros sobresalgan o destaquen más que ellos mismos los lleva a limitar oportunidades, a controlar excesivamente o a evitar delegar responsabilidades. Esta actitud revela inseguridad y genera un entorno donde el talento se frena en lugar de desarrollarse.
Cuando predominan estas conductas, el ambiente laboral se deteriora. La desconfianza, la falta de reconocimiento y el temor a proponer nuevas ideas afectan la motivación y reducen la productividad. Un equipo que no se siente valorado difícilmente se compromete más allá de lo mínimo necesario. Así, la ausencia de liderazgo auténtico no solo limita el crecimiento individual, sino que también debilita a toda la organización, impidiendo que alcance su verdadero potencial.
Alberto Villegas Cabello
Abogado y Mediador

No hay comentarios:
Publicar un comentario